La falsa inclusión que no transforma nada
La
falsa inclusión que no transforma nada
Por: Jonh Jak Becerra
"No
confundamos la presencia de personas negras en el poder con la eliminación del
racismo. El sistema sabe cómo usar nuestros cuerpos, nuestras caras, para
legitimar su continuidad."
—Angela Davis
No sé si han escuchado frases como: “La inclusión es el camino para resolver el problema del racismo antinegro” o “trabajamos por una Colombia más incluyente”. Son enunciados que circulan con liviandad institucional y condescendencia mediática, casi como mantras para calmar conciencias blancas. Pero la inclusión, tal como se plantea y se practica en Colombia, es una farsa diseñada para preservar el statu quo.
Pongamos un caso reciente y visceral: los hechos racistas contra Karen Sevillano en la emisora Radio Mix del Grupo Olímpica. Ese evento no fue un hecho aislado, fue un espejo que nos mostró —otra vez— cómo ve este país a su población negra. Mientras los locutores blancos y mestizos se burlaban abiertamente, haciendo comentarios como el del bloqueador para “pieles oscuras” y la sugerencia de “checarse betún”, ahí mismo estaba un hombre negro en cabina: Jey P El Residente. Su presencia no impidió la violencia verbal. Su figura se mantuvo, como tantas otras, callada o cómplice. No es casualidad. Es estructura.
¿Les suena familiar? Recuerden el caso del “Soldado Micolta” en Caracol Televisión. Cuando la indignación pública exigió respuestas, el canal “resolvió” colocando una cara negra en pantalla: Hugo Neimer González, conocido como “Lucumí”. Pero no se trató de transformación estructural ni de justicia mediática, sino de una repetición del mismo patrón: usar un cuerpo negro para lavar la imagen de un sistema racista.
El
análisis de Fanon: máscaras blancas, silencios negros
Frantz Fanon, en su imprescindible obra Piel negra, máscaras blancas (1952), ya advertía que la inclusión sin transformación es alienación. El sujeto negro internaliza el desprecio, porta la máscara blanca que la colonia le exige, y termina actuando para la mirada blanca. Este fenómeno de identificación con el opresor genera sujetos negros fragmentados, atrapados entre la exigencia de ser “representativos” y la realidad de no tener poder real.
Según Fanon:
“El negro no es. No es más que lo que el blanco dice que es.” (Piel negra, máscaras blancas, 1952).
El problema, entonces, no es la presencia del negro en los medios o en la política, sino el modo en que esa presencia está vaciada de poder, de agencia, de comunidad. El negro tokenizado, como diría bell hooks, no representa a su pueblo, sino que sirve de amortiguador simbólico para el sistema blanco.
Bell Hooks: diversidad sin disrupción
bell hooks fue precisa al denunciar cómo la cultura blanca se apropia de cuerpos negros solo cuando estos no representan una amenaza real al orden establecido. En Black Looks: Race and Representation (1992), hooks afirma que:
“La representación superficial de la negritud en la cultura blanca solo puede ocurrir si el negro se ajusta a los marcos que son cómodos para la dominación blanca.”
La autora lo llama “diversidad domesticada”. En ese marco, se seleccionan a ciertas personas negras para encarnar una supuesta inclusión, pero bajo la condición de no incomodar, no cuestionar, no resistir.
Audre
Lorde: la casa del amo no se derriba con sus herramientas
En The Master’s Tools Will Never Dismantle the Master’s House (1984), Audre Lorde denunció la falacia del tokenismo como mecanismo de cooptación. Las estructuras coloniales —sean académicas, mediáticas o gubernamentales— permiten la entrada de voces negras solo cuando estas no exigen la demolición de la casa del amo.
Lorde advirtió que:
“El tokenismo tiene el objetivo de desactivar nuestra capacidad de transformar las estructuras de poder.”
La presencia de una mujer negra o de un hombre afro en un panel, un noticiero o un ministerio, solo significa algo si esa presencia tiene el poder real de modificar el sistema. De lo contrario, es solo una decoración útil al amo.
James
Baldwin: una cara negra no es poder negro
James Baldwin fue implacable. En una entrevista con Esquire (1968), dijo:
“El que una persona negra sea elegida para un cargo público no significa que el sistema haya cambiado, significa que el sistema encontró una forma de seguir funcionando sin ser desafiado.”
Baldwin entendió, antes que muchos, que la falsa inclusión es la estrategia preferida del poder blanco. Colocar una cara negra en el congreso, en la televisión o en la radio no es garantía de transformación, sino un maquillaje superficial para una estructura profundamente racista.
Tokenismo:
una cara negra no basta
Angela Davis, desde una visión marxista y feminista radical, ha sido muy clara respecto a lo que denomina “black face in high places”. La idea es sencilla: el sistema se protege mejor cuando parece que ha cambiado. Según Davis:
“No confundamos la presencia de personas negras en el poder con la eliminación del racismo.”
¿De qué sirve que un negro esté en la radio si no puede denunciar el racismo que ocurre frente a sus ojos? ¿De qué sirve que haya un afro en el Congreso si vota en contra de las políticas que benefician a su comunidad? ¿De qué sirve que haya un secretario negro si su firma legitima la exclusión?
Colombia
y la farsa de la inclusión
En Colombia, el tokenismo ha hecho de las suyas. Tener una cara negra no equivale a tener poder negro. La figura de Jey P El Residente en la radio, de Lucumí en la televisión o de cualquier afro en cargos públicos sin impacto estructural, no representan un avance, sino un espejismo.
Lo que necesitamos no es inclusión simbólica, sino redistribución de poder. No queremos estar ahí para adornar la foto. Queremos estar ahí para decidir, para gobernar, para cambiar. No basta con estar: hay que transformar.
Referencias
Baldwin, J. (1968). *Interview with
Esquire*.
Davis, A. (2007). *The Meaning of Freedom*.
City Lights Books.
Fanon, F. (1952). *Peau noire, masques blancs*. Seuil. [*Piel
negra, máscaras blancas*].
hooks, b. (1992). *Black Looks: Race and
Representation*. South End Press.
Lorde, A. (1984). *Sister Outsider: Essays
and Speeches*. Crossing Press.

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